Leyendas asociadas a la Nochebuena y la celebración de la Navidad
Bien qu’on n’en connaisse pas l’origine, quelques légendes circulent à travers la planète, le soir du réveillon de Navidad, principalement pendant la messe de minuit. Certaines sont terrifiantes, tandis que d’autres sont plutôt étonnantes. Mais quoi qu’il en soit, ces légendes courent toujours, et les vieillards éprouvent un réel plaisir à les raconter aux enfants.
En el Franco Condado, por ejemplo, cuenta la leyenda que, durante la misa de medianoche, una roca piramidal giraba sobre sí misma tres veces seguidas, justo cuando el sacerdote leía la genealogía del Salvador. En los Vosgos, circula una leyenda similar, según la cual la piedra giratoria comenzaba a moverse al son de las campanas de Remiremont, llamando a los fieles a la misa de medianoche. Además, la leyenda de las piedras giratorias es muy popular, ya que también se encuentra en el País de Caux, en Minières (Mancha), en Saint-Mirel (Plénée-Jugon), así como en Tancarville y Griquetot-sur-Ouville.
En France, il s’agirait plutôt de légendes relatives aux animaux. Une croyance populaire veut que les animaux conversent entre eux pendant la messe de minuit. D’ailleurs, cette légende est si répandue, qu’à Comimont, au Val-d’Ajol, certains croient toujours que les animaux s’éveillent juste à temps pour la messe de minuit, et qu’ils en profitent pour discuter ensemble. Dans le Colentin, les habitants sont persuadés qu’à minuit, les animaux de ferme s’agenouillent. Cette croyance est sans doute due à la foi naïve de ces habitants, qui persistent à croire que tous, humains et animaux, vénèrent le petit Jesús à Noël.
Pero la leyenda más aterradora de todas es, sin duda, la que cuenta que el Maufait, nombre dado al diablo, circulaba por el campo, adoptando diversas formas. Esta leyenda se refiere a la exasperación de Satanás, cuyo aniversario le recuerda constantemente su fracaso, redoblando así su odio y rabia hacia la humanidad. Satanás sembraba pistolas en los caminos y carroirs, nombre dado a las encrucijadas rurales, y abría cavernas al pie de cruces y oratorios rurales. En el fondo de estas cavernas, fluían ríos de oro. Cualquiera que intentara apoderarse de una pistola llevaría una marca negra en los dedos, indeleble, que causaba una terrible sensación de ardor, comparable a la del fuego del infierno.
